sábado, 23 de marzo de 2019

LOS SANTOS INOCENTES (Mario Camus, 1984)


"Milana, bonita"

Una familia española vive subordinada a la clase que posee la tierra, domina los recursos y manda sobre ellos. Su vida es renunciar y obedecer. Su destino está marcado... La sinopsis de la obra de Camus, magistral adaptación de la imperecedera novela de Miguel Delibes, podría ser actual. Los "señoritos" de ahora llevan corbata. Podría tratarse de una familia de la España rural o clase media-baja, no sólo de posguerra, también de tiempos modernos. El terrible comportamiento de las personas, unas con otros, y esa especie de esclavitud consentida sigue vigente.

Incluida por derecho propio en todas las listas de mejores películas del cine español. Todo raya a un nivel francamente sobresaliente en esta película, desde las interpretaciones, a la crueldad del guión con esas personajes y el entorno, ambientación, dirección y montaje, hasta esa evocadora música. 

La escritura de Delibes era sutil, no había palabras incendiarias pero sí generaban mucha ira en el lector, esencia traspasada envidiablemente a la pantalla. La naturaleza y ese mantra, "Milana, bonita", se convirtieron en santo y seña de esta formidable película.



























martes, 26 de febrero de 2019

Crítica | ÉRASE UNA VEZ EN AMÉRICA (Sergio Leone, 1983)


"Me encanta la peste de las calles. Me hace sentir bien. Me gusta su olor. Me abre los pulmones."

Sergio Leone volvía a las pantallas tras 12 años de ausencia para cerrar su "Trilogía de América", formada por 'Hasta que llegó su hora' (1969), 'Agáchate, maldito! (1971) y 'Érase una vez en América' (1983), de casi cuatro horas de duración, siendo esta la más larga y lánguida de las películas del director italiano.

Quizás careciera de la fuerza y la creatividad de sus viscerales y estilizados Spaguetti Westerns pero su cambio del desierto por el Lower East Side neoyorquino de principios de siglo y su homenaje a las historias de gánsteres es una auténtica obra de arte cinematográfica.

La historia transcurre en tres épocas específicas - 1921, 1933 y 1968 - acompañando a varias generaciones de mafiosos judíos, sus amores, traiciones y desencuentros. No glorifica en ningún momento a los protagonistas, no hace de ellos héroes, muestra claramente el alto precio que han tenido que pagar por su estilo de vida.

Técnicamente es una película sobresaliente. Una ambientación fría y plomiza, ominosa por momentos, a través de la fotografía de Delli Colli y la marcada música nostálgica y melancólica de Morricone. La maestría narrativa de Leone ofrece al espectador un puzle obsesivo, un virtuoso montaje de tomas retrospectivas. Una película de gánsteres ambiciosa, de estructura dispersa, penetrante, frustrante y provocadora. También una investigación cinemática del tiempo, cómo pasa, cómo se recuerda y cómo se percibe el futuro.

























domingo, 24 de febrero de 2019

Crítica | ANA Y LOS LOBOS (Carlos Saura, 1972)





Golazo por la escuadra de Saura y Azcona (director y guionista, respectivamente), en forma de metáfora y sutil simbología, a la censura del régimen franquista en su etapa agonizante y relajada con una crítica feroz hacía la burguesía y tres pilares básicos en la sociedad de la época: militarismo, represión sexual y lo eclesiástico. Gran trabajo actoral, narración en forma de cuento macabro puntualmente, de ambientación angustiosa, con sus licencias surrealistas de un marcado toque "buñuelista" y mucha acidez en su guión. Un filme muy interesante.







viernes, 15 de febrero de 2019

Crítica | LA DILIGENCIA (Stagecoach) (John Ford, 1939)


"Si hay algo que no me gusta, es conducir una diligencia por territorio apache."

Obra seminal dentro del western y del propio cine. Orson Welles estuvo 40 días consecutivos viendo 'La diligencia' una vez al día, antes de su ópera prima 'Ciudadano Kane', para aprender el oficio. Y es que Ford ayudó a restablecer el prestigio del género en una época en que las películas del Oeste estaban destinadas a bajos presupuestos y proyectos menores.

Al tratar de vendérsela a David O. Selznick, Ford la calificó de "western clásico", superior a los westerns que se hacían y hacía el propio Ford en los últimos años. Añadieron una historia de amor y el nacimiento de un bebé, aunque no fue suficiente para Selznick que rechazó el proyecto. 

Sin Gary Cooper ni Marlene Dietrich, el cineasta acertó con la figura impresionante de Ringo Kid, nacía otra leyenda en el cine: John Wayne. Ford retrasa la aparición de Wayne mientras explora el carácter de los otros pasajeros, cada uno trazado de forma diestra y magnífica.

'La diligencia' no escatima los alicientes más tradicionales del género. Abunda la acción en el tercer acto de la cinta, que incluye duelos y un emocionante ataque indio comandado por el excelente trabajo del especialista Yakima Canutt. También fue la primera película que Ford rodó en Monument Valley, paisaje desértico majestuoso en la frontera entre Utah y Arizona, la cámara subraya la fragilidad del hombre ante la inmensidad de la naturaleza como pocas veces se había visto.



























lunes, 11 de febrero de 2019

Crítica | LA NOCHE DE HALLOWEEN (David Gordon Green, 2018)


"Rezo todas la noches para que se fugue y poder matarlo."

Michael Myers vuelve dignamente, más cabreado por las trastadas a la saga (secuela directa de la original) durante 40 años que por el mensaje de reflexión, paranoia y horror del psychokiller.

Actualización de códigos, ofrecer un producto nuevo para la nueva generación, sin llegar ser un remake, pero construida en base a un retrato justiciero (de reivindicación feminista) atribuido de enfoque reverenciador al género y a la semilla del slasher sin mucho riesgo.

Elegante dirección, con buena puesta es escena, orientada a un plano familiar y generacional con una Laurie Strode guerrera, traumática, imbuida en un aspecto de heroína de acción y olvidando aquella imagen de niñera asustadiza que conocimos en el origen.

Un filme que reconoce el miedo de un país, en la era Trump como ya pasaba a finales de los setenta sobre el horror del pueblo americano tras la guerra de Vietnam. Carpenter vuelve a poner la música, su inolvidable música.




lunes, 4 de febrero de 2019

Crítica | LA PASIÓN DE JUANA DE ARCO (Carl Theodor Dreyer, 1928)


"La recreación de Juana de Arco por parte de Renée Falconetti podría ser la mejor interpretación jamás rodada."

Afirmaba la crítica Pauline Kael en 1982, tras el redescubrimiento en un manicomio noruego de una copia de la versión original, con el precinto de "censurada" intacto, y posterior estreno en la misma década de la obra maestra del mudo dirigida por el danés Carl Theodor Dreyer. Aunque la suya es una de las interpretaciones fundamentales de la historia del cine, Falconetti nunca trabajó en ninguna otra película. 

El maestro danés Dreyer realiza este filme no utilizando el acostumbrado tono épico, sino centrando la acción en el inquisitorial proceso judicial a la que fue sometida por un tribunal eclesiástico que terminó condenándola a muerte por herejía.

Su última película muda, obra que le granjeó fama mundial pero no constituyó ningún éxito en taquilla. La censura y el infortunio (se perdieron copias en distintos incendios) casi la engrosa en la triste lista de películas desaparecidas. Basada esencialmente en fragmentos muy selectos del proceso de Juana, el público de la época consideró esta sinfonía del primer plano un documental histórico.

El enfoque radical de Dreyer, su técnica exquisita y su construcción del espacio y la lenta intensidad del movimiento de la cámara hacen de la película una de las grandes joyas del cine. Una visión minuciosa y dolorosa, como todas las tragedias de Dreyer, sigue y seguirá viva después de que la mayoría de cintas comerciales se hayan borrado del recuerdo.





miércoles, 23 de enero de 2019

LA IMAGEN DESGARRADA. El dolor en el cine Fantástico contemporáneo.


"Toda ciencia, todo el saber, vienen del dolor, porque el dolor busca sin tregua la causa de las cosas, en tanto que el bienestar se inclina a la quietud y renuncia a mirar hacia atrás."

Posiblemente, Nietzsche no estaba equivocado en su afirmación. Juan Andrés Pedrero Santos se atreve y aventura en un ensayo reflexivo sobre algo tan viejo como la vida: el dolor y sufrimiento. Un campo tan vasto e inabarcable que lo presenta desde el nicho del cine fantástico y sus vertientes: terror, ciencia ficción, fantasía...
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Una obra con resultado de bitácora cinematográfica y un compendio inmenso de referencias, algunas más conocidas que otras, trazando un marco más o menos temporal de estilos con cierta uniformidad. Desarrolla un enfoque histórico con aspectos que me apasionan como los comienzos del género en su etapa silente, la oscuridad que caía sobre los artistas de la posguerra y el movimiento expresionista, tanto pictórico como cinematográfico. Pinceladas a oriente y su estilo rompedor, no sólo por el boom en cines del terror japonés a finales de los 90, que también, si no esos Jigoku del siglo XII o perspectiva psicológica de mediados del siglo XX.

Aunque entronque un tema tan universal, sus reflexiones son más austeras en contenido. Encontramos alguna reseña del cine moderno, alguna puntualización más detallada como en el género Slasher o la ausencia de dolor y/o fascinación por el tema que acarrea el ser humano, pero su compendio es pasar de soslayo por sus amenas 200 páginas. Un toque dinámico en la forma de presentar su contenido.

Sólo es la punta del iceberg de un recorrido sociocultural e histórico por el dolor en pantalla, y en sus distintas formas artísticas. Ensayo más que atractivo, de carácter específico que incita a reflexionar, al debate y a la discrepancia en un sentido abierto y gratificante.


sábado, 19 de enero de 2019

Crítica | LA QUIMERA DEL ORO (The Golden Rush) (Charles Chaplin, 1925)


"Aparte de todo -lo divertido de la indumentaria, del bigote y los zapatos- realmente quería crear algo que conmoviera a la gente."

'La quimera del oro' es una de las cintas más logradas de Chaplin, y eso son palabras mayores. Al final de su vida declaró con frecuencia que esta era la película por la que más deseaba ser recordado. Reafirmó la creencia de Chaplin de que la comedia y la tragedia no se hallan muy lejanas.

Inspirado en sucesos reales, recreo con fidelidad la imagen histórica de la fiebre del oro y los buscadores que ascendían sufriendo grandes penurias al Chilkoot Pass, obligados a comerse sus zapatos y los cadáveres de sus compañeros muertos en algunos casos. El frío, el hambre, la soledad, el menudo cineasta encuentra el equilibrio perfecto en crear una gran comedia entre temas sórdidos y desagradables.

Abunda en escenas cómicas e icónicas, ahora ya clásicas. Los horrores del hambre padecida por los pioneros del siglo XIX inspiró la secuencia en que Chaplin y Big Jim se comen una bota cocinada estilo gourmet. La transformación en el mismo plano de Charlie en pollo, un triunfo de efecto de cámara, al igual que la escena de la cabaña al borde del precipicio, casi imposible diferenciar el paso de una maqueta a un decorado de tamaño natural. Posiblemente la escenas más famosa sea la del sueño de Nochevieja: el baile de los panecillos.

Una de las grandes obras del cine, tanto en lo técnico como en lo artístico. Chaplin consigue un equilibrio perfecto entre lo conmovedor, lo cómico y lo dramático en 'La quimera del oro'.

























sábado, 12 de enero de 2019

TRUE DETECTIVE (Nic Pizzolatto, Cary Joji Fukunaga, 2014)





"Claro que soy peligroso, soy policía. Podría hacer cosas terribles a la gente con total impunidad."

5° aniversario de una de las antologías policiales más densas y grandes joyas de la televisión. El guión de 500 páginas, las conversaciones entre Rust y Marty al volante, las frases metafísicas y filosóficas, la ambientación, la música, la hercúlea dirección y ese espectacular plano secuencia, la panorámica trama, los saltos de tiempo narrativos, la mitología, las múltiples referencias literarias influyentes en este vasto mundo casi onírico. Todo es maravilloso en la melancólica obra para HBO. La luz contra la oscuridad en un viaje inolvidable.




























jueves, 3 de enero de 2019

Crítica | FITZCARRALDO (Werner Herzog, 1982)


"¡Quiero mover una montaña!"

'Fitzcarraldo' nos cuenta la historia de una obsesión y parecer ser también la obra de un hombre obsesionado. "Soy un tejedor de sueños", dice Herzog. El proyecto era una locura, la misma de la que trataba la película, la locura de un hombre (Klaus Kinski resulta deliciosamente demente de principio a fin) que quiere construir una ópera y llevar la cultura hasta el corazón del Amazonas.

Herzog, que conocía el carácter impredecible y difícil de Kinski, ya había trabajado con él anteriormente en un entorno selvático en 'Aguirre, la cólera de Dios (1972)', había previsto esta clase de problemas, no contó en un principio con él. Sólo se hizo necesario para sustituirlo por Mick Jagger, el vocalista de los Stones era el candidato principal, pero Kinski resultaba el indicado para el papel. 

Nadie tenía su particular carisma, el aura de un visionario solitario y demente. El personaje principal se convierte en una imagen del propio director. La obstinación de Herzog para llevar a cabo su proyecto a toda costa dejó un reguero de penalidades importante, solo comparables a las de Coppola en 'Apocalypse Now (1979)': abandono de personas principales, el estallido de la guerra entre Ecuador y Perú, sequías e inundaciones, mordeduras de serpientes y graves accidentes.

La fuerza visionaria del filme reside en la autenticidad de sus imágenes. El barco fue arrastrado realmente por los indios montaña arriba. Herzog atravesó los rápidos como muestra a través de su cámara, sin duda, la dirección es una de las grandes bazas de la película. Claudia Cardinale caracteriza perfectamente a la dama de provincias muy afín al carácter de la actriz italiana.