jueves, 27 de septiembre de 2018

Crítica | LA CINTA BLANCA (Das weisse Band) (Michael Haneke, 2009)


"Le di a Dios una oportunidad de matarme. Él no lo hizo, así que está contento conmigo."

Michael Haneke aborda los gérmenes del nazismo en la sociedad alemana en vísperas de la Gran Guerra en LA CINTA BLANCA, una de las joyas del siglo XXI. Un relato brutal, profundo, descarnado y de apabullante fotografía de Berger, filmada en color y pasada a blanco y negro.

Analiza los comportamientos ordinarios de una sociedad de crueldad contenida, basada en el puritanismo y la autoridad religiosa, la semilla donde descansaba el espanto esperando el alzamiento del Tercer Reich. El retrato de los personajes y esa narración ambigua, da rienda suelta a sugerir y pensar más que explicar, mantiene en vilo con toda la aspereza del cine de autor europeo más cerca de Bergman que de Dreyer, la obra personal de un maestro de la narración. Brillante parábola histórica o un siniestro cuento de terror contenido

"¿Lo han hecho de forma consciente, son un grupo de niños abandonados a su suerte, o simplemente han sido malinterpretados?" Los niños son muy importantes en la historia (pasada, presente y, sobre todo, futura) y Haneke explicó el durísimo casting que llevaron a cabo: "Observamos a 7.000 niños durante seis meses... Fue difícil".



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