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lunes, 22 de abril de 2019

VIVIR (Ikiru) (Akira Kurosawa, 1952)


"En este mundo no hacer nada es el mejor modo de mantener su puesto."

'Vivir' (Ikiru) me parece una de las mejores películas que he visto, un relato que intenta dar sentido a la vida humana pero mostrando la estela que se deja en la posteridad. Una vez que conoce el tiempo que le queda hasta morir, pasa por todos los momentos que a uno se les ocurriría al conocer tal noticia, desde el Mefistófeles, ese "diablo" que le presenta el infierno de la vida cotidiana más oscura, el vicio, los suburbios y la degradación, hasta agarrar el clavo ardiendo de una juventud perdida que nunca volverá, terminando en el 'Satori', avistamiento del logro de la satisfacción que es un simple parque para los niños. Una lucha por la que ya merece la pena ser recordado, por pequeña que parezca, pero no es un sueño, es algo que tiene a su alcance y puedo determinar su preciado deseo.

Contado en forma de flashbacks, unos dentro de otros, en tercera persona, como si de un cuento se tratase, rico en detalles y con una puesta en escena sobresaliente. La obra maestra de Akira Kurosawa antes de 'Los siete samuráis' es un compendio de escenas, imágenes y sentimiento que será difícil sacarlo de nuestra memoria. Reflexiva y cargada de melancolía. Takashi Shimura soberbio, posiblemente, el papel de su vida.

Desgarradora denuncia la de Kurosawa, un humanista por encima de todo, a los organismos burocráticos después de la guerra, esas escenas de pasarse el balón entre departamentos es irónica por lo universal que es, y esa deshumanización atribuida a los mandatarios, algo que, por desgracia, es siempre actual.

Basado en 'La muerte de Ivan Ilich' de Tolstoi, Hashimoto y Kurosawa escribieron el guión que, en principio, iba a estar protagonizada por un Yakuza y no por un funcionario público, tornando en una historia más realista y esperanzadora. Shimura padecía dolores de estómago durante el rodaje, justo como el cáncer que representa en la película. Ese tumor era el de mayor incidencia en Japón en la época.
























lunes, 8 de abril de 2019

LA FORTALEZA ESCONDIDA (Kakushi Toride no San-Akunin) (Akira Kurosawa, 1958)


Aventuras en el Japón feudal del siglo XVI, época de guerras cíclicas, diversión a raudales, acción, dosis de humor, duelos de samuráis, princesas guerreras, persecuciones y, además, un cuento cargado de humanidad y metáforas sobre la codicia, la amistad y la concepción del honor en la tradición del bushido.

El filme de Akira Kurosawa contiene una épica rica en valores con una puesta en escena atractiva, en una aventura de narrativa occidental, ágil, donde siempre están sucediendo cosas y no deja ni un mínimo resquicio al aburrimiento. El director japonés había bebido mucho del western de John Ford y ese estilo lo plasma en pantalla en base a una representación oriental.

Famosa por ser una de las fuentes de inspiración de George Lucas a la hora de confeccionar su archiconocida saga galáctica. Y es que son varios los elementos de 'La fortaleza escondida' en los que se ven reflejados esa deuda de Lucas: Lo primero y más destacable es la cómica pareja de campesinos, la relación entre ambos y conductores del relato. Escenas de persecuciones recuerdan mucho a alguna escena de Endor, la princesa Yukihime por carácter y estilo podría ser Leia, el duelo de lanzas entre los generales Rokurota Makabe y Hyoe Tadokoro, antes amigos y ahora rivales, o la criada que se hace pasar por la verdadera princesa.

Nutrido de guiños como el final, la estructura narrativa, las cortinas laterales entre escenas, el argumento tiene trazos similares junto con ese variopinto grupo de héroes. Podría decirse que 'La Fuerza' reside en esta película Jidaigeki (género al que pertenece, un nuevo guiño de Lucas y sus caballeros Jedis) antes de viajar a una galaxia muy, muy lejana.

Una película de aventuras clásica de gran factura técnica, como nos tiene acostumbrados "el emperador" en sus producciones, con un magnífico Mifune y una encantadora Misa Uehara encabezando el reparto. Diversión 100% con mensaje moral.



























martes, 26 de marzo de 2019

RASHOMON (Akira Kurosawa, 1950)


"Mentir es humano. La mayor parte del tiempo ni siquiera podemos ser sinceros con nosotros mismos."

"El efecto Rashomon" o el auténtico bombazo del cine japonés. Cuando la película se exhibió en el Festival de Venecia de 1951, el público occidental descubrió una cinematografía fascinante procedente de un país que había permanecido hermético a su apertura internacional. En este sentido, Rashomon y su galardón marcaron un antes y un después en la trayectoria cinematográfica nipona. Obtuvo el Oscar a mejor película extranjera.

Hashimoto empezó el guión a partir del relato corto 'En el bosque' de Ryunosuke Akutagawa, que a su vez toma el nombre de su primer relato 'Rashomon' que es el templo derruido donde se enfoca una de las tres perspectivas de la historia. Planteó una manera diferente en el punto de vista, la puesta en escena y la subjetividad. Mediante flash-backs se recrean las historias dentro de esa historia, tres niveles temporales y espaciales, como si de una película policíaca se tratase en el que el espectador es el juez se este proceso.

El filme es una parábola oscura de una época de enfrentamientos, decadencia política y cultural. La cinta tiene lugar en el siglo XII pero Kurosawa plantea un paralelismo con el Japón de los 50. Destaca la magistral fotografía del maestro Miyagawa y la enérgica interpretación de Mifune, de aquí su apodo de "el león" por sus movimientos en la lucha. El detonante de la curiosidad y atracción por el exótico cine oriental desde occidente, RASHOMON es una de las obras maestras del séptimo arte.



























viernes, 23 de agosto de 2013

Crítica: 'Dersu Uzala (El cazador)' (Akira Kurosawa, 1975)


'Dersu Uzala (El cazador)' (Akira Kurosawa, 1975)



Akira Kurosawa (Yojimbo, Los siete samurais, Ran...) uno de los maestros cinematográficos más influyentes del cine asiático clásico y moderno, nos ofrece una historia sencilla pero con un mensaje de amistad irrevocable. Sorprendentemente en la época de rodaje de este film, el cineasta japonés cayó en desgracia en su país natal. Esta cinta que fue galardonada con el Oscar a mejor película de habla no inglesa y el éxito internacional que cosechó ayudaron a restaurar la reputación del director, demostrando su genuino talento para contar historias humanas y no solo divertimentos de acción samurai. Dersu Uzala personifica la naturaleza y todo su vasto esplendor en una mente abierta y un hombre pequeño con un corazón terriblemente humano, apegado con el mundo natural.

La historia nos enmarca en la taiga siberiana, donde un grupo comandado por el capitán Vladimir Arseniev viaja en laborales geológicas. La dureza de la zona y la supervivencia humana le permite conocer a un personaje como Dersu Uzala, un cazador solitario que le muestra como aprender a vivir en armonía con la madre naturaleza, tan apaciguadura a veces y tan mortal otras. Conoce el mundo de otra manera, le hace ver la grandeza de la tierra mediante la sencillez de sus palabras y actos hacia ella, obsequiándole con una amistad irrefutable donde nunca nada volverá a ser como antes.


En esta vasta película, dominada por impresionantes paisajes vacíos, es también una pieza íntima de dos personajes contruida por pequeños gestos y una sencilla narración marcada por el amor entre los aparentes opuestos. El mensaje de la cinta es claro, conciso, sencillo, directo y con un marco incomparable. Una fotografía francamente especial y potente, adornada con unos decorados tremendamente vistosos y de una calidad excelente. El guión nos deja algunas frases memorables de Dersu hacia su querida y añorada vida natural y libre, lleno de valores atemporales. La dirección es sobria y clara, con planos largos a la antigüa usanza, magnificando los detalles dentro de la realización de la película. Lo reprochable que le podemos dictaminar a la cinta de Kurosawa es algunas partes lentas y algo tediosas, contadas por minutos, que no disminuyen para nada la calidad de la misma. Como curiosidad, Kurosawa ya había planeado una versión japonesa de la historia en la década de 1940, pero no pudo llevarla a cabo.




Un canto a la amistad de dos generaciones y ámbitos de vida totalmente diferentes, acompañados por una maravillosa fotografía que nos muestra lo encantador que puede ser adentrarse en esta historia de naturaleza clásica, donde un maestro enseña lo que realmente importa en la vida.


"Creo que la gente debería ser más humilde ante la naturaleza, porque formamos parte de ella y debemos vivir en armonía... podemos aprender mucho de Dersu." Akira Kurosawa



Valoración: [8/10]      
★★★★★★★★★★




P. Garrido